Sobre Alejandro Parisi

Alejandro Parisi (Buenos Aires, 1966) es un pintor y dibujante ítalo-argentino cuya obra se caracteriza por la exploración de la memoria, la naturaleza y la fugacidad de la existencia. Su lenguaje visual oscila entre la figuración y la abstracción, buscando captar tanto la vitalidad como la transitoriedad de los fenómenos naturales. Formado en talleres de destacados maestros argentinos y con estudios de Estética e Historia del Arte junto a Marta Zátonyi, complementó su formación con una práctica autodidacta que le permitió desarrollar un estilo propio y reconocible.

Desde 1991 realiza exposiciones individuales y colectivas en museos y galerías de Argentina y el extranjero, incluyendo el Museo Quinquela Martín y el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez. Ha recibido numerosos premios y distinciones, como el 1er Premio Salón de Pintura ALBA-Palermo Viejo y el Premio Adquisición de la Honorable Cámara de Senadores de Santa Fe. En 2023 participó en la residencia artística de la Giancarlo Di Trapano Foundation en Italia, consolidando su proyección internacional.

Su pintura busca atrapar “la pequeña sensación” al modo de los impresionistas: instantes de movimiento, luces, sombras y cromatismos que vibran entre lo real y lo imaginado. Series como Las mares capturan la fuerza del océano, mientras que en Paisajes sicilianos inventados introduce elementos enigmáticos de carácter surrealista, ligados a su herencia familiar. En su declaración, Parisi enfatiza que su motivación surge de la contemplación profunda de la naturaleza y de cómo esta refleja la condición humana: olas, cielos tormentosos, grutas y bosques se transforman en metáforas de lo efímero y lo vital.

La crítica ha señalado que sus obras son “cartografías del tiempo”, en las que el color y la textura funcionan como huellas de lo transitorio. Son composiciones que invitan a la contemplación y generan una experiencia sensorial inmersiva, con grandes formatos que funcionan casi como telones escenográficos. El cromatismo intenso, la vibración de la mancha y la línea, y la ambigüedad entre lo orgánico e inorgánico hacen que su pintura se sitúe en el límite de lo reconocible, en un terreno que roza lo sublime.